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Museos interiores

José Villa, José Manuel Fors, René Francisco Rodríguez, Carlos Garaicoa, Los Carpinteros y Kcho se reúnen en la planta baja del Museo Nacional de Bellas Artes para mostrar obras en las que, a la manera de un museo, han coleccionado huellas de vida, fragmentos de objetos, materias, hechos reveladores de cómo asumimos la existencia, e incluso diálogos con obras de la propia institución. Esa peculiar recolección, típicamente museal, amplía el caudal inagotable de registros que el arte obsequia de continuo a la antropología.

Con Partitura (2017), Carlos Garaicoa hace un colosal homenaje a la ciudad -su perfecta coartada poética- y al mundo de la música y sus intérpretes, a través de la recolección sonora de la música interpretada por músicos ambulantes en calles de Madrid y Bilbao.

Los Carpinteros, por su parte, en una de sus últimas producciones como dúo, trazan en Alacenas (2016) una conmovedora visión social de las enfurecidas tormentas que nos azotan en el Caribe, a partir de grabar y recolectar los temibles sonidos producidos por huracanes que emergen de empobrecidas estantes de cocina.

René Francisco Rodríguez se suma a este conjunto para instalar una versión actualizada de su antológico Taller de reparaciones. En la que es sin dudas una de las instalaciones más sobresalientes de su carrera, el creador hace acopio de su propia experiencia y de su interrelación con objetos y personas, en ese diario personal y profesional que es Taller.

Fors se atiene a su secular trazado de memorias en la nueva instalación Las materias. Es esta una memoria escultórica, fiel a los mismos comienzos de su trayectoria, hay un temperamento autoral dispuesto a pensar en la sencillez de los materiales, en el reciclaje de elementos, en los ciclos biológicos, históricos y tecnológicos de la existencia.

José Villa, enfrentando el reto de la fachada principal del edificio de Arte Cubano, fabrica Arpegio, un arco por el que pasan los transeúntes y, a la vez, la historia de la escultura cubana. Ese arco que se ofrece al público es un nexo entre el viandante y la tradición escultórica acogida por la institución.

De manera excepcional, Museos interiores incluye una pieza histórica dentro de la escultura de la isla: Regata, de 1993. . Esta instalación de Kcho fue una obra que se adelantó y prefiguró los penosos sucesos migratorios que se desencadenaron en las costas del país en 1994 y es una excepcional lección de historia viva.

Estas seis series de originales recolecciones llegan al Museo Nacional con sus intencionalidades y tesauros irrepetibles, y se suman con inteligencia a una lógica patrimonial que se ve ensanchada cada vez más en Cuba desde la creación contemporánea.

Corina Matamoros Tuma

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